Se apaga el eco de aquella risa,
que en otro tiempo fue mi jardín,
hoy el destino lleva la prisa
de darle al cuento su punto y fin.
Guardo en un cofre los mil momentos,
tus manos tibias, el dulce ayer,
pero se agotan los argumentos
cuando el camino deja de ser.
No es que te olvide, ni que te pierda,
es que te suelto para volar,
aunque el recuerdo muerda la cuerda
y el pecho insista con naufragar.
Me quedo solo con mi equipaje,
con el orgullo de lo que fue,
viviendo ahora este nuevo viaje
donde en el tiempo recuperé la fe.
Vete tranquila, vete sin pena,
que no hay cadenas en el adiós,
que el alma libre de arena llena
vuelva a latir sin el peso de dos.
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