Si por azares de la vida leyeras esto, sé que te burlarías por lo contradictoria que parece mi afirmación y seguir escribiendo sobre ello. Pero eso es el resultado de lo poco o nada de interés que tuviste sobre mí, que música me gustaba, cual era mi película favorita, los colores pastel que amo, mis miedos, mis problemas familiares, simplismo en tu repetido mal consejo: que el ejercicio me salvaría de mis trastornos. El ejercicio es bueno, en muchos aspectos, pero no sana un trastorno mental, y yo tengo tres. Qué ignorante, y no es una ofensa, es que ni siquiera quisiste eallar y escucharme, a voluntad no quisiste aprender, por tu arrogancia y por tu soberbia, ¡Qué pecado admitir un error!
Estoy segura de que nunca leerás estas palabras, pero aprovecharé para seguir haciendo catarsis...
Hoy me di cuenta de algo que pensé que nunca pasaría: No he sufrido más por ti, no he llorado por las noches, el peso en el alma, el que no me dejaba respirar, se ha ido, al fin puedo tomar aire y seguir adeltante, seguir, alejarme de la autodestrucción.
Puedo decirte que ya no te amo, pero pensándolo mucho, me di cuenta que nunca te amé. Que fuiste un capricho, un reto de ser amada y elegida, una obsesión que engrandecía detalles comunes, que se ilusionaba por una caricia, por un beso. Mi cerebro rebelde desechaba lo malo; como utilizarme aún sabiendo cuán vulnerable estaba, te confesé mis sufrimientos, y aún así, acostones preferías. Nunca te importó lo que ya sabías: me estaba ilusionando.
Una vez obtenida la maldita cogida, volvía a ser a la que no escuchabas, la que no te importaba. Sólo Dios, si existe, sabrá si te amé o no, pero hoy sé que...ya no te amo, ya no más. Mi esposo me salvó la vida, curo mis heridas, junto los pedazos de mi alma y me regaló alguno de los suyos, sacrificó todo para curar el dolor que sentía.
Tú, Tú nunca hiciste nada, solo otra tonta se enamoraría de alguien como tú, que antepone sus intereses por sobre todas las cosas, que disfrazaste de soberbia tu baja autoestima, tus complejos con el color de tu piel, con todo tu físico, sin pensar en lo esencial; lo bello que es amar el alma de una persona sin importar si es moreno o rubio, alto o bajo, musculoso o pasado de peso. Ojalá algún día abras los ojos y veas en la gente más allá de un aspecto.
Ya no, no te amo.