viernes, 16 de enero de 2026

Infierno


"Si estás pasando por el infierno, sigue adelante.

¿Por qué detenerte ahí?"

Leí esa frase en algún rincón de internet.
No sé quién la escribió,
pero sus palabras fueron una bofetada exacta,
de esas que despiertan el alma.

Stephen King decía algo parecido:
que para llegar a las aguas dulces
hay que atravesar las amargas,
las gélidas.
Pocos se atreven.
Yo sí.

Estoy dispuesta a cruzar aguas, desiertos,
inviernos, tormentas:
lo que sea.

Ahora mismo estoy en el infierno.
La piel me arde.
Las laceraciones no cicatrizan.

Aun así, avanzaré.
Tomaré esa frase anónima
y la haré mantra.
No huiré:
caminaré hasta que el fuego ceda,
hasta que llegue la frescura de la paz.

Allí las heridas cerrarán por fin
y volveré a habitarme
sin miedo,
sin incomodidad.

Sé que no es simple.
El infierno tiene laberintos,
puertas falsas,
espejismos de salida.
Pero mi corazón —
terco, vivo—
será la brújula
hacia el escape.

jueves, 15 de enero de 2026

El fin


Se apaga el eco de aquella risa,
que en otro tiempo fue mi jardín,
hoy el destino lleva la prisa
de darle al cuento su punto y fin.

Guardo en un cofre los mil momentos,
tus manos tibias, el dulce ayer,
pero se agotan los argumentos
cuando el camino deja de ser.

No es que te olvide, ni que te pierda,
es que te suelto para volar,
aunque el recuerdo muerda la cuerda
y el pecho insista con naufragar.

Me quedo solo con mi equipaje,
con el orgullo de lo que fue,
viviendo ahora este nuevo viaje
donde en el tiempo recuperé la fe.

Vete tranquila, vete sin pena,
que no hay cadenas en el adiós,
que el alma libre de arena llena
vuelva a latir sin el peso de dos. 

miércoles, 14 de enero de 2026

Falla mínima


El reflejo se parte antes de unirse.
Madruga a diario.
Un golpe interrumpe donde todo era mudo.
Una pieza se fisura.
El día continúa, pero mal alineado.

martes, 13 de enero de 2026

Atracón


No soy un exceso
Soy un cuerpo que aprendió
a defenderse comiendo.

La culpa no me sana.
El ayuno no me salva.
Hoy me quedo.
Hoy no me rompo.
Hoy sigo respirando dentro de mí.

No me castigo por haber
Sobrevivido.

Y en mi cóctel de enfermedades mentales y adicciones, está el trastorno por atracón.

Odio la comida, no la disfruto, Vivo en un círculo vicioso, como saludable, hago ejercicio y de pronto llega sin avisar hasta dejarme hinchada, hasta dejarme llena de arrepentimiento y culpa: el atracón. 

¡Hasta pedirle a Dios que me lleve porque estoy cansada de luchar! 

jueves, 1 de enero de 2026

El conejo me alcanzó pero se hizo mi amigo


Inicio de año.

La rutina me esperaba sin prisa,
la motivación encendida como una vela terca.
Milo sobre mis piernas,
reconociendo a su manada.

El reproductor da play:
“Busco a alguien”.
Mon Laferte. Flor Amargo.

La canción me arrastra sin permiso
a mis veinte:
encerrada en mi cuarto,
hecha ovillo,
rogándole al Ser Supremo
que me enviara un amor
capaz de sacarme del infierno.

Buscaba a alguien,
hasta que las esperanzas se murieron.

Pasaron los años sin señales,
y aprendí a sobrevivir sola:
resignada,
infinitamente frágil.

Entonces llegaron los treinta
y apareció él.
Entre un cúmulo de estrellas lejanas,
con todas las cualidades
que no encontré en nadie más.

Era él.
Y fue real.

Me salvó del silencio más aterrador,
del más denso.

El deseo se volvió carne,
y lo demás estalló:
murió la esencia del miedo.
___________________________________

Busco a alguien que me pueda ayudarY me pueda entenderY me quiera sacar de aquí
Quiero encontrar alguien al finQue pueda entenderme y comprenderUn nuevo amor quiero sentirUna ilusión, para vivir
Para desnudar el alma a plena luz del solY gritarte a besos que adoro tu voz
Yo ya perdí toda ilusiónDe encontrarme alguien asíPero si estás y me oyes al finPon atención, que te quiero decirTe llevaré hasta el finalTe besaré a la orilla del mar
Para desnudar el alma a plena luz del solY gritarte a besos que adoro tu voz
Para desnudar el almaA plena luz del solY envolver tus sueñosEn oro y pasión
No me canso de buscarNo me canso de inventarPara mi solita, soledadPodríamos reinventarLa palabra antigüedadLa palabra amistad
Pues lo único que buscoEs un amigo nada másQue comprenda mi locuraSin pensar en nada másY caminando por la tierra
Yo seguiré buscando a alguien(Que me pueda ayudar)Yo seguiré buscando a alguien(Que me pueda ayudar)Yo seguiré buscando a alguien(Que me pueda ayudar)Yo seguiré buscando a alguien(Que me pueda ayudar)
Yo seguiré... buscando a alguien

- Busco a alguien,  Flor Amargo. 






miércoles, 31 de diciembre de 2025

Recuento

He muerto muchas veces
y aun así regreso,
sin saber de dónde brota esa fuerza
que me levanta como un reflejo, no como una fe.

Me han pasado tantas cosas
que todavía me asombra conservar
un resto de cordura,
una astilla lúcida que no termina de romperse.

Tuve una adolescencia hecha de ruinas.
Un padre presente en el espacio
y ausente en la sangre:
promesas rotas,
manos incapaces de sostener,
una psique apagada a voluntad,
críticas como piedras,
abandono con coartada de normalidad.

De mi madre heredé escenas imposibles de olvidar:
sus intentos de morir,
la sobreingesta de pastillas,
la ebriedad feroz y abrumadora,
el desgaste físico,
la devastación psicológica.
Amarla fue aprender a sobrevivir en una casa en llamas.

A los catorce llegó el corte.
Hoy, en mis treintas, sigue aquí:
una jaula construida con hojas de afeitar,
un lenguaje secreto para el dolor
cuando no encontraba voz.
Conocí a la más devota de los demonios,
la que llaman anorexia.

El trastorno fue una liturgia cruel:
mi cuerpo sometido,
destrozado por dentro y por fuera,
mi vínculo con la comida
convertido en campo minado.

Después vinieron las drogas:
sedar el cerebro,
callar las voces
al precio exacto de una adicción.

Y sin embargo sigo.
No intacta.
No ilesa.
Pero aquí.

¿Cómo es que aún respiro?
Y más terrible todavía:
¿para qué,
y para quién,
continúo volviendo de la muerte?

martes, 30 de diciembre de 2025

Un bohemio que no come nada


Si me preguntas —
y soportas mi honestidad torcida—
eso era.

A eso aspiraba.
Ser una flaca sin destino:
escribir, fumar,
desaparecer despacio.

Me gustaba sentirme pequeña,
frágil hasta en los huesos,
llevar poemas de amor y de muerte
como quien exhibe costillas.

Casi flotar
por calles y puentes,
liviana de mundo.

Me regocijaba en la ropa que no me quedaba,
en el mareo constante,
en las tripas rugiendo,
el estómago gritando su salmo.
Manos frías.
Costillas marcadas.
Sí.
Eso quería ser.

Y aun así,
cada mañana
me levantaba con un cuerpo
que no sabía morir del todo,
un hambre que no era metáfora,
una vida terca
arruinándome el personaje.
Eso es lo imperdonable.