Dejé mi taza favorita
con el café secándose en el borde,
como si aún fuera a volver.
Aquí
nada devuelve la cara.
La báscula sigue en su rincón,
paciente.
Quise hacerte ligero
y terminé empujándote.
Sabía que te quería,
pero aprendí a fingirlo
hasta que ya no importó.
Y aún así,
nadie ocupó tu lugar…
solo el espacio.