jueves, 28 de mayo de 2026

Arquitectura de una ausencia

Todavía cargo el amor de una historia marchita.

Desde la sabiduría obtenida, encontré la certeza de amar sin poseer, sin obligación, sin buscar. Adorar sin pensar que esta vez él se quedará conmigo. Ya no.

Su luz sigue encendiendo mi espíritu herido, me empuja a seguir adelante, la ternura de su simple recuerdo me ayuda a sonreír a pesar de las adversidades, no exijo nada más.

Las cicatrices no duelen, pero permanecen para siempre,  las brasas de nuestro extinto fuego siguen calientes, mantienen tu recuerdo vivo y eso me regala paz.

Conservo las llaves de lo que alguna vez sentí mio. No pido reciprocidad y podré morir tranquila, lo juro.

Él me rescató de mí misma, me mostró el mundo desde su perspectiva, calles que no conocía. Su visión me hizo respirar fuera de mi cárcel mental. Aunque sea un poco me pude sentir normal y real, dejé de ser solo mi diagnóstico.

Su cuerpo me hizo saber que podía ser deseada, amada y elegida. Su amor persiste en mis fotos de él. Saber que existió me sostiene para no volverme loca.

Mi tesoro sagrado, callado en mi alma para siempre.

Puedo admitir que huir fue una forma de quedarme sola, enfrento las consecuencias sin esperar un perdon, tendré la valentía de la resignación sin obsesión, y no me mataré por eso.

Él existe en mí y me ayuda a amarme como sé que él hubiese querido, me reconstruyo.

Una parte de mí lo ama aunque la vida hubiera seguido. 

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