No voy a buscarte, no voy a escribirte ni voy a pedirte inconscientemente que no te olvides de mí, pero sí le escribire al vacío que dejaste en el corazón.
Si te nombro cometeré un error otra vez y haré la herida más grande se quebrarían varios corazones
Así que, por una hermosa catarsis, le escribiré a tu ausencia, te convertiré en otoño, octubre fue el descubrimiento de un amor condenado al fracaso, pero una historia digna de escribirse.
Y sigo escribiendo otra vez, a la fotografía mental de aquellos lugares donde solo eramos tú y yo, solo nosotros atravesando miedos con risas.
Todavía veo tu sombra tras de mí, o escondida en las pocas cosas que pude conservar de tí.
Te veo en el anillo de tortuguita , en la caligrafía que me dejaste en una sencilla hoja arrancada, te veo en la única vez que estuviste en mi habitación, sin intenciones sexuales, estuviste esperándome para pasar las navidades contigo.
Te veo en el recuerdo de que ese día me besaste con furia, como sintiendo que era el último, como si fusionarte conmigo desaparecerían las polaroid de mi espejo, las que te lastimaron.
Estás en las canciones que escucho, en las que te dediqué, en las tardes de soledad y silencio.
Creí que el tiempo se aceleraría con el río, pero en cambio, el tiempo se casó con los recuerdos y ahora avanza lento, muy lento.
Apareces en todas las puertas y ventanas que abro, hasta cerrando los ojos, mi cerebro rebelde evoca tu cara, tus ojos negros, tu cabello liso y azabache, tu bicicleta cuando me esperaste, la primera vez que nos conocimos de verdad.
Aún, te confieso, no sé que hacer con lo que dejaste vivo. ¿Acaso debo asesinarlo?
Tu ausencia no quiere ser ausencia, cuando camina a mi lado, duerme conmigo e incluso pronuncia mi nombre como lo hacías con tu voz.
He tenido personas que se van en silencio, y sin tragedia, pero tú te convertiste en el paisaje de mi alma, como un cuadro artístico en el museo del desamor.
Amanezco incompleta, y tengo una herida fresca, que no sangra pero tampoco cicatriza.
Y aunque firmemente ya no pronuncio tu nombre, sigues construyendo un hogar en mi alma.
No necesito tu nombre para amar cruel y bellísimamente, como siendo, irónicamente, la mejor de mis ausencias.
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