martes, 18 de agosto de 2026

Despedida cruel

Él se iba a ir. Esta vez se sintió tan real... Y pensé que jamás volvería a verlo. Él se iba de mi mirada, llevándose mi espíritu.

El corazón quiso salirse de mi cuerpo; se abrió paso y logró dejarme vacía. No pude parar de temblar. El cuerpo se debilitó y no podía incorporarme.

No sé qué entidad religiosa o espiritual intervino.

Yo nunca he amado a nadie como lo amo a él. Es más, yo jamás había amado.

Demasiada suerte, con todo en contra: en países diferentes, más maduros, más comprometidos con nuestras convicciones. La vida insistió en juntarnos, hasta que lo logró, y nuestro amor creció cada día más.

Él es aquello que le supliqué a Dios, lo que mi poesía necesitaba, la protección en esa soledad tan dolorosa.

¿Por qué fui tan idiota?

Lo único que sé ahora es que lo amaré toda la vida, y no existe absolutamente nada más fuerte que eso.

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