miércoles, 25 de noviembre de 2020

Oírte respirar una vez más

Tal vez ese sería mi último deseo moribundo, escucharte respirar, y aún en medio del odio o de la indiferencia; escuchar que tu boca pronuncie mi nombre. No pido nada más, sé que no tengo derecho, pero puede que mis peticiones no sean tan complicadas.

Te he perdido, mía la culpa, por escupir tanto veneno, por manejar un amor basada en la competencia, en el tormento de posicionarnos en un maldito ring de boxeo. Y por supuesto, cómo no, manejar tanta inmadurez en mis mentiras sin sentido. Me creía una princesa de cuento que merecía ser rescatada, sin embargo ahora sé que nadie me debió sacar de esa jaula, y mucho menos tú.

No te puedo encontrar, me he vuelto invisible para tus alcances. Si sólo pudieras pronunciar mi nombre, no importa el tono, no importa la indiferencia, sólo tu voz y tu respiración que lo es todo. Si tú no existes no hay nada que valga la pena entre tanta inmundicia. Ojalá vivas muchos años y ojalá en otro universo pueda alcanzarte, ser invencible como tú, ser digna de tu afecto, de tu abrazo. Quizás...

Perdóname, nunca fui suficiente, fui prepotente y cruel, si tan sólo pudieras leerme una última vez, si supieras que aún en el infierno lo único que veo es tu rostro. Te prometo que voy a olvidarte, lo juro por mi sangre, lo haré. 

¿Podré decir que te amo una última vez? Le dejo mis palabras a mi poder superior, y que él decida mi destino y el destino de estas letras. Decir te amo una última vez, quimeras.

lunes, 23 de noviembre de 2020

Destrozos de un padre de piedra

Papá, llevas años rompiéndolo todo; pero hoy estoy más despierta que nunca durante veintiséis años. Gracias, porque ahora en la divina verdad puedo aceptar que casi todo mi dolor inició contigo. Aún desde pequeña contribuiste a este despojo. Me manchaste la vida, qué ironía. Ojalá no haber nacido con tu ayuda, ¿Cómo hubiera sido mi existencia con otra infancia? Quizás hubiera llegado lejos, quizá hasta las estrellas; o me hubiera bastado nacer sabiendo amarme. Desde el principio me enseñaste a odiarme, con tu indiferencia, con tu falta de afecto, con tu corazón de piedra y con tu maldita crianza. Mi cuerpo está hecho jirones, mi piel está igual de marcada que mi alma, detesto sentir que estas cicatrices sean eternas. Que al correr los años este mal crece, te has vuelto peor. ¿Por qué me tengo que sentir comprometida contigo? Me revuelve el estómago no poder decirte todo lo que has provocado en mí, y sentirme tan pequeña, tan tan pequeña gracias a ti, papá.

Tú me diste la vida sólo para machacarla, me destruiste y no logro morir. Intento ayudarte con esta tortura. Quiero regalarte la última felicidad de no tener que volver a verme nunca más. Créeme, en la destrucción de este cuerpo yo también quiero ayudar. Qué tan enfermo tengo el cerebro, lo tengo vuelto fuego que busca consumirlo todo. 

Ya no te necesito, ese deseo infantil también murió, ahora te necesito muy lejos, tu vibra es de desconsuelo, abandono, y muerte. Busco fe para no abandonarme, aún la busco también. Perdóname por haber nacido y te perdono por haberme causado tanto dolor. Malditas heridas de la infancia, cuando crecemos se hacen grandes también. Y me vuelvo obsoleta al mundo porque no puedo olvidarme del pasado, no puedo, no puedo, no puedo. No me siento ni de aquí ni de allá, juro que quisiera ser más valiente para quitarme la vida. Y hasta eso me has dejado, papá, la cobardía.

Papá, has dejado destrozos en mi alma, en mi vida, y has truncado mis sueños. Quisiera dormir un poco, por favor, un poco. 

jueves, 29 de octubre de 2020

Autoestima destruida

 Soy una persona egoísta, muy egoísta. Son pocas las veces en que decido enfrentarme a esa realidad, a veces parece mentira, parece que soy capaz de fingir. Sin embargo aquí estoy de nuevo, perdiéndome en los bosques de mi baja autoestima. Buscando a los fantasmas de mi pasado, buscando la respuesta a esta horrible situación, la forma de escapar de esta habitación de superficialidades, cuerpos grandes, miedo a la gente, miedo a los amigos, miedo de salir.

Soy egoísta, porque me encierro en mí misma, porque siempre consigo la forma de victimizarme, ¡no quiero provocarlo! Mas mi corazón golpetea en mi pecho, las lágrimas salen por sí solas, y no quiero consolar a nadie más, no quiero saber de la gente y sus problemas, incluso si son mis amigos, mis hermanos, mi familia... Me concentro en mi odio a mí misma, me retiro a mi propio dolor. No puedo abrazar, ya no puedo dar calor, me siento fría, muy fría. No soy capaz de abandonar el sentido apático de mi propio rostro.

Sé cómo construyo una torre de soledad, un castillo atrapado en los hierbajos, abandonado todo, muriendo sin nadie a mi costado. Solo yo en mi rápida putrefacción. Los olores que emanen de mí demostrarán lo que realmente le ofrecí al mundo. Nada más que penas, nada más que odio, angustia y ansiedad. Quisiera decir que lo siento, pero no quiero engañar a nadie más.

No merezco el amor de mis padres, porque he sabido manipular a conveniencia, es crudo, pero es real. Mi hipersensibilidad los lastima, mi nula vida social los preocupa, mis ganas de nada... Sé que lloran en silencio y no lo merecen, quisiera liberarlos de mí sin dolor, ojalá existiera una manera de morir sin que nadie me recuerde, sin que nadie sufra por mi causa.

Me cansan los espejos y el demonio que vive en ellos, me cansa habitar mi propio cuerpo, me harta tener que vivir conmigo misma. Ojalá desvanecerse. Tatuaría en mi pecho la palabra que mejor me define: Egoísta. 

domingo, 6 de septiembre de 2020

Me quedan los recuerdos

 Te extraño, no lo puedo negar, extraño tu voz como jamás creí hacerlo. Me engañé tantos años en mi pérdida de tiempo hacia cosas que ni siquiera existían. No me esperaste porque no lo merecía, me resigno y acepto las consecuencias. Sin embargo...

Nadie puede robarme mis recuerdos, no puedes arrebatarme todas esas mañanas en las que me dabas los buenos días, ni los abrazos de lejos, ni cada bendito poema de amor, tampoco las cartas. Una parte de ti será para mí toda la vida, y me quedo con eso con orgullo. De haber sido amada por alguien como tú, es un orgullo haber estado en tu vida y haber recibido palabras de amor que probablemente no merecía. 

Me quedo con lo poco que recuerdo de tu voz, con en consuelo de tus palabras ante mi torrente de lágrimas, ante mis recaídas y mis estupideces, también ante mi estúpida inseguridad que no me permitía ver más allá de mis propias carencias. ¿Crees que nuestras almas se crucen en otra vida? Ruego porque así sea, y poder explicarte mi amor, y poder pedir perdón por mis erróneas acciones.

Te he perdido, eso lo tengo claro, pero me queda el recuerdo de lo mucho que me amaste, de lo mucho que nos amamos, de los planes que ahora guardo en un cajón de mi memoria, imaginando historias que ya no son, ni serán.

Perdón si te ofenden mis palabras, pero te amo, sé que con el tiempo esto también pasará, y empezaré la siguiente página. Pero hoy, hoy te amo con toda mi alma, te entrego mi amor y me quedaré vacía porque es lo que merezco. Te mereces ser feliz, nunca olvides eso, y por favor... No te olvides de mi nombre. 

domingo, 2 de agosto de 2020

Vainilla y madera

¡Qué insoportable se me ha vuelto no escribir sobre él! 
Evitarlo como fingiendo que nunca existió, como si yo jamás lo hubiera amado. Y lo amé trastornada, hablando de infinitos; lo único que nadie puede quitarme es ese hecho, lo amé con la ternura de mi corazón equivocado, con todos los errores de mi inmadurez. 

Quiero creer que su recuerdo se fugó de mí, que no duele, como si nunca hubiera imaginado futuros a su lado, conquistando uno solo de sus besos. Mi cerebro me pide que escriba de él, que lo eternice en mis palabras, plasmando cómo fue, para no olvidar, no quiero olvidarme de él. 

Al amarme él me quería yo, lo siento, no puedo engañarme, ni serme desleal fingiendo ser más fuerte, aún no he logrado amarme y no sé si lo logre algún día. Pérdida tardía pero igualmente dolorosa, en esos días de febrero por primera vez un hombre me supo querer con toda su alma, y no puedo negar cuánto luchó para quedarse, antes de que yo decidiera mandar todo al carajo. 

Fue un amor verdadero, sin embargo, de papel. De un millón de letras de amor que olían a vainilla y madera. Una vez me salvó, volviéndolo eterno en mi memoria, con una habitación permanente en mi pecho. Hay una certeza cruel, jamás volveré a conocer un amor como aquél.

Lo sé, me resigno con valentía, y no te olvido aunque el mundo que llevo dentro no pertenezca a tu universo. 

viernes, 17 de julio de 2020

Me mata

Me mata no verte, nunca poder acariciarte,
nunca poder haberte tocado. Me mata encontrarte sólo en sueños, y además incluso ahí infinitamente lejano.
Me mata saberte nunca mío, ya nunca más. Me mata escribir de imposibles, de saborear en mi imaginación tus labios en mi boca, tu abrazo en mi memoria. ¿Será ficción? Mis recuerdos están distorsionados.
Me mata no poder hablar contigo, no tenerte ni en la voz, me han robado cualquier oportunidad de acercarme, como un gato solitario. Eres el amor que el creador había diseñado para mí, que falló al no hacerme idónea para ti, para lo que tú necesitabas.
Me mata, y me matas, tu indiferencia es un peso demasiado grande sobre los hombros, aunque lo merezco... quema. No quiero volver a repetirlo pero tampoco puedo detener el curso de mi corazón vacío; no creo poder volver a querer a nadie más así, me siento condenada al fracaso amoroso, como si así siempre debiese haber sido, como si fuera el precio a pagar. El precio a pagar.

lunes, 29 de junio de 2020

Tóxica

Realmente era yo, y no lo sabía. Todos en el amor resultan buenos, resultan víctimas. Yo no, yo fui la victimaria. Aún me cuesta creer lo mucho que me equivoqué, cada noche llueven flashbacks de mi comportamiento, de mis exigencias, de mis celos, de lo fácil que me salía herirlo.

¿Podré excusarme con mi "corta" edad? No, estábamos en el mismo camino, pero nuestro proceder fue tan distinto. No sé dónde aprendí a lastimar, en qué momento deseé controlarlo todo, incluso aquello humano, aquello de corazón. Actué como una máquina, y aunque tarde, he obtenido lo que merezco. El arrepentimiento.

Mi tendencia a la destrucción traspasó mi piel, quería sangre, mucho más, tal parece que la mía no era suficiente, necesitaba la de él, me urgía tenerlo cerca debilitándose por mí, humillándose por mí, disculpándose por cada paso que daba, abrazando mi puta inseguridad. 

No me importó que atrapara mis lágrimas con sus manos, no me importó que escuchara mis verdades y mis crudas mentiras, tampoco me detuvo la devoción que entregó. Nunca pidió nada que no pudiera darle, y yo, le exigí todo lo que con certeza sabía que no poseía.

El amor es cruel por personas como yo, pero también es lo suficientemente justo para personas como él. ¿Cómo pude ser tan ciega, cómo pude ser tan cínica? Merezco la soledad y le entrego mi voluntad a ella. 

domingo, 14 de junio de 2020

Muerte

Puedo verme caer, en un infierno cíclico. La oscuridad enaltecida e interminable. El demonio tiene muchos amigos que apenas caben en mi cuerpo, me estoy rompiendo y mi alrededor es todo gritos. Creo que ya no tengo miedo, sólo hay lágrimas dulces, muy dulces... Y que ahogan.

La muerte que tantas veces deseé y acaricié llega con una marcha fúnebre, con sonrisas ácidas. Ya no me siento sola, ellos están conmigo. Casi puedo tocar el trágico final que en fantasías reclamé. No existe plazo que no se cumpla, no existe plazo que no se cumpla, no existe plazo que no se cumpla.

¿Cómo esperaba yo, la esperanzada, que iba a acabar? Mi corazón está preparado, no tiene miedo pues por fin han llegado todas las respuestas.

jueves, 14 de mayo de 2020

De los encuentros con nadie

Mi mundo sólo puede ser representado por la adicción, adicción a vivir en el dolor. Como un amor impropio hacia la oscuridad, o más bien, una resignación. Sí, probablemente sea eso, llana resignación a una vida de mierda.

Quisiera pensar diferente, quisiera ser una persona apasionada, quisiera tener las fuerzas para luchar, pero cada día que paso siento como llega el final de todo, mi ascenso a la oscuridad, al olor putrefacto de la depresión, sin ganas de levantarme de la cama, idiotizándome con libros, con películas, con música. Perdiendo el tiempo, tal vez, pero siendo realista ya ni siquiera temo al tiempo. Porque cada vez entiendo mejor como mi destino está marcado por la sangre, los gritos, el olor a alcohol, cientos de pastillas para cada cosa, tan sólo para no suicidarse.

Estoy agobiada, me ahogo pero no logro morir, tan sólo la sofocación se burla de mí. Y el demonio frío no me deja sola nunca, ni siquiera en la ducha encuentro la relajación de la soledad, siento su presencia sobre mis oídos, diciéndome una y otra vez todo lo que está mal. Y cómo no, recordándome que debería dejar de comer para siempre, morirme de hambre sería una conclusión irónica.

Sé que la ayuda no va a llegar, porque ya no puedo creer en falsas promesas, en palabras vacías, pero no puedo culpar a nadie. Soy yo, y la vida que me tocó vivir, soy demasiado débil para enfrentarla y mi única valentía ahora es aceptarlo al fin.

Nunca merecí los amores que llegaron, pues siempre me esforcé en encontrarme mal, en acabarlo todo mal. Enfermizo. Tampoco los amigos que tuve, ante los que sólo desaparecí para esconderme del mundo real. No puedo culpar a nadie, obtuve lo mejor de cada amor y de cada amistad. Me quisieron bien pero no pudieron curar lo que ya estaba muerto, podrido.

Así nos tocó, en soledad, como perdida en el cosmos, rotando, alejándome, ausentándome poco a poco. Sólo con la fe de cerrar los ojos sin lastimar a nadie más. Ojalá pudiera ahorrar el sufrimiento de la gente que me queda, pero no puedo hacer nada. Y sigo aquí, recostada oyendo quién sabe qué, adormecida, dopada. Lamento no ser capaz de confiar en las personas, lamento no poder gritarle al cielo mis sentimientos. Soy otro caso perdido.

 

 

12/05/20

Archivo