miércoles, 1 de agosto de 2012
Tengo todo excepto a ti
Se ve que no
te voy, se ve que no me vas.
Se ve que en
realidad sólo me quieres como una amiga más,
Como algo de
siempre.
Ya ves, me
equivoqué, creí que era feliz.
Pensaba que
yo lo tenía todo,
Tantos amigos,
caprichos y amores locos.
Tengo todo
excepto a ti y el calor de tu piel,
Bello como
el sol de abril,
¡Qué absurdo
el día en que soñé que eras para mí!
Tengo todo
excepto a ti y a la humedad de tu cuerpo,
Tú me has
hecho porque sí seguir las huellas de tu olor,
Loca por tu
amor.
Se ve que no
te voy, se ve que no me vas.
Tengo todo
menos tu mirada,
Y sin tus
ojos, mis ojos ya no ven nada.
Tengo todo
excepto a ti y al sabor de tu piel,
Bello como
el sol de abril,
¡Qué absurdo
el día en que soñé que eras para mí!
Me sobra
juventud, me muero por vivir
Pero me
faltas tú.
Tengo todo
excepto a ti y la humedad de tu cuerpo,
Tú me has
hecho porque sí seguir las huellas de tu olor,
Loca por tu
amor.
martes, 31 de julio de 2012
Duele
Este dolor es tan grande, que me cuesta respirar, estoy mirando sin mirar. Mi cuerpo se adormece, mis dudas florecen más, nada puedo ya mirar. Voy a caminar por el mundo sin mirar atrás, borrando tu mirar. Voy a darte la distancia aunque a mi alma duela y me hagas falta en mis días. El silencio es tan fuerte que siente tu ausencia, es tan duro recordar. Deseo tanto remediar la pesadilla, juro que voy a despertar.
![]() |
| Adele |
Carla Morrison.
lunes, 30 de julio de 2012
Cuatro años hacia delante II
…
Flashback
-Oye pequeña – habló Ángela en cuanto el
avión emprendió – Quería decirte algo que espero no te moleste.
-Dime – respondí mirándola con curiosidad.
-Tú sabes que Carlo y Natalia nos recibirán
en cuanto lleguemos a Guadalajara…
-Ajá…
-Bueno – carraspeó un poco – Ian también
estará allí, espero que no te incomode, de cualquier manera yo puedo obligarlo
a desaparecer de tu vista.
Sentí que mi corazón tartamudeó, pero lo
ignoré inmediatamente.
-¿Por qué me habría de incomodar? Ya ha
pasado mucho tiempo – dije seria.
-Tú lo quisiste mucho…
-Sí, lo quise, pero tú sabes que siempre fue
un juego de niños. Pasó hace cuatro años, ya lo superé. Nunca afectará mi
presente, en lo absoluto. – Aseguré y mi amiga arqueó una ceja.
-Cómo digas – dijo Ángela.
Muy dentro de mí, y de verdad muy en el
fondo de mi pecho, aún dolía recordarlo.
Por fin llegamos a Guadalajara, el primer
destino de tantos. Casi eufóricas, pasamos por nuestras maletas y cruzamos a la
sala de espera. Sentí que mis mejillas se encendían y las piernas se me
sacudían trémulas.
-¡Ya cálmate! –Gritó Ángela exasperada.
-Perdón – sonreí avergonzada.
-Mira hermanita, ¡ahí están!
Maldije mentalmente y me enfrenté al miedo
de alzar los ojos. Hice acopio de toda mi energía para no soltarme a llorar.
Ahí estaba él, solamente Ian, al menos para mí, pues a sus costados venían Carlo
y Natalia. Me estremecí, estaba tan diferente y a la vez tan igual a como lo vi
la última vez, con ese andar tan peculiar que me enloquecía. Vestía un pantalón
de mezclilla gris y una camiseta negra, su cabello lacio y de casi rudo color
negro se bamboleaba a causa del viento, algunos mechones jugueteaban entre su
maravillosa, casi hipnótica, piel blanca. Sus ojos negros miraban de un lado a
otro, él me buscaba. Bueno, a mí y a mi acompañante.
Sentí una terrible necesidad de evaporarme,
de arrancarme el pelo, de romperme las piernas o de no haber nacido nunca. Ese
amor frenético y adolescente que solía sentir por él, seguía doliendo en carne
viva, ahí estaba esa herida en mi pecho, esa fuerte atracción, como si nunca
hubiese desaparecido.
Por fin se acercaron a nosotros, yo me quedé
helada. Ian no dejaba de mirarme con sus profundos ojos azabache, fulminando mi
escasa seguridad. Natalia me miró tiernamente, dándome un cálido abrazo.
-¡Qué alegría volverte a ver por aquí
chaparra! – Sollozó – eres bienvenida – hizo una reverencia cómica y todos
reímos.
-Gracias Naty, es precioso volver por estos
rumbos.
-Hola, todavía existo, señorita presumida –
carraspeó Carlo enojado.
-Holi guapo – reí – Sé que existes bebé –
comenté apretándole la mejilla cual si fuese un niño de nueve años
-Graciosa.
-Lo sé – sonreí ampliamente para después
abalanzarme a sus brazos.
Ian tosió un poco, solté a Carlo y volteé a
mirarlo, me regaló una media sonrisa con gesto nervioso. Sacó las manos de los
bolsillos y se acercó a mí, dándome un abrazo tomándome por sorpresa. Al
principio me mostré reacia, pero después sin más remedio lo rodeé tímidamente
con mis brazos. Pude sentir los latidos frenéticos de su corazón, el calor de
su cuerpo me aturdió. Luego de casi un minuto, empujé a Ian con suavidad y me
reí.
-Creí que nunca volvería a verte –dijo con
voz rasposa – de verdad no sabes lo que…
-Pues ya me viste Ian – lo interrumpí - ¿nos
vamos ya? – pregunté en general, dejando anonadado al chico.
-Am, sí hermanita – dijo Ángela – primero
debemos hallar dónde hospedarnos y todo eso – se fastidió ante la idea.
-Pueden quedarse conmigo, tengo suficiente
espacio – dijo Ian de manera casual y yo lo miré horrorizada.
-Perfecto – respondió Ángela animosamente.
Me sentí acorralada.
-¡Claro que no! – Grité colérica.
-¿Por qué? – dijo Ian inocentemente,
atrapándome en sus ojos.
-No será mucho tiempo y no queremos causar
molestias ni estorbar- me excusé con la primera estupidez que se me vino a la
mente.
-Para nada – se echó a reír – tú sabes que vivo
solo y hay mucho espacio – me guiñó el ojo y yo resoplé – tú duermes en mi
recámara y Ángela en la de huéspedes y listo. Nada me haría más feliz que
tenerlas de invitadas. La casa puede ser un delirio cuando se está solo.
-¿Y donde se supone que dormirás tú? – lo
reté.
-En el sillón, obviamente – sonrió
triunfante – a menos que te apiades de este pordiosero y me guardes un espacio.
-Ni en sueños, idiota – mascullé.
-Nada perdía con intentar – se encogió de
hombros - ¿entonces qué dices?
-Está bien, nos quedaremos en tu casa – me resigné
sabiendo que con él, de nada servía protestar. En eso no había cambiado para
nada.
Fin del flashback
Con Eduardo,
el tiempo se nos pasó casi demasiado rápido. Entre charlas banales y risas sin
control, todos nos sentíamos muy bien. El chico era sensacional y a pesar de
tantos años transcurridos, seguía siendo mi cómplice, mi testarudo, molestoso y
apapachable amigo.
-¿Qué
hiciste de tu vida? – me preguntó cuando Ángela y Ceci se inmiscuyeron en una
discusión sobre música.
- Nada en
especial – le sonreí – después de que…bueno, me fui con mis padres, me dediqué
a terminar mis estudios en esa nueva ciudad – hice una mueca - Gracias al cielo que Ángela ya era mayor de
edad y pudo venirse para conmigo, no sé que hubiera hecho sin ella. Conseguí un
trabajo en el que afortunadamente me iba de las mil maravillas y ganaba muy
bien.
-Que bien –
dijo Eduardo mostrándome una perfecta sonrisa – No me malinterpretes pero, ¿por
qué volviste a Guadalajara?
-Eh – tragué
saliva – nada más fuimos de pasada para despedirnos de Carlo y Natalia. Igual
pasamos aquí a estar un tiempo con ustedes y despedirnos. Ángela y yo
viajaremos por el mundo sin detenernos. Quizá nos robemos a Cecilia, eso
todavía está en discusión.
-Así que por
fin cumplirás tu sueño loco – rió.
-Así es –
confirmé orgullosa.
-Es una
lástima que no te quedes aquí – suspiró incómodo – pero de corazón me alegro
que estés cumpliendo tus sueños y espero que te vaya excelentemente.
-Gracias
Eduardo – le di un abrazo fugaz.
Eduardo
aceptó mi abrazo y esquivó mi mirada. Algo pasaba con él y yo no sabía
exactamente qué.
-¿Sucede
algo? – le pregunté.
-Tal vez –
sonrió sin alegría – nos abandonaste.
-¿Qué? –
solté.
-La noche
que pasó lo que pasó con Ian – sentí una punzada – te fuiste sin siquiera
decirnos nada. A ti y a Ángela les valió madre nuestros sentimientos, tanto de
Carlo y Natalia como de Cecilia y de mí. Al parecer ellos ya lo olvidaron, pero
yo aún me siento herido.
-¡Tú no
entiendes Eduardo! – Me paré – Tenía que escaparme de ahí, iba a sufrir
demasiado largando despedidas.
-¿Y no
pensaste en que nosotros también sentimos?
-Yo…- alcé
la vista para evitar que las lágrimas hicieran acto de presencia por milésima
vez – no puedes entenderlo…
-Sí, claro
que lo entiendo – masajeó su sien – Ian es un idiota que te rompió el corazón
y…
-No lo digas
– supliqué – no digas más Eduardo, por favor. Perdóname, ¿sí? Sé que fui una
egoísta al irme así, no pensé que sufrirían tanto. Siempre fuiste un gran
amigo, el mejor. Perdóname – sollocé.
-Cálmate –
suavizó su mirada – Lo hecho está hecho
y no podemos cambiarlo, pero disfrutemos todos este tiempo que nos regaló el
destino para volver a convivir. Como en los viejos tiempos – me guiñó el ojo
divertido.
-Me parece
perfecto – limpié mis lágrimas y le alboroté el cabello.
Como en los
viejos tiempos.
domingo, 29 de julio de 2012
Déjame ser
Déjame ser
aquella persona que cure tus heridas
Aquella que rescinda
tu triste soledad.
Déjame ser
quien acalle tantas penas acumuladas,
Ser el
respiro de una vida ardua y oscura.
Déjame ser
el amor más grande y el último
Acurrucarte entre
mis brazos dibujando sonrisas reales en tu rostro.
Déjame
protegerte de todo mal, ayudarte a superar el pasado
Amarte como
nadie te ha amado jamás.
Déjame ser
la pieza musical de tu existencia,
Quiero ser
esa luz que con impaciencia has buscado.
Déjame ser
dueña de tus abrazos, de tus besos, de tu amor
Después de
mí ninguna lágrima encharcará tus mejillas.
Déjame ser
tu sol en la oscuridad.
Cuatro años hacia delante I
Al amanecer, puntualmente Ángela y yo estábamos en el
aeropuerto. Carlo, Natalia e Ian nos acompañaban. Al observar la última mirada
que Ian me lanzaba, sentí como me hundía poco a poco en la tristeza. Me acerqué
lentamente a él y lo abracé con dolor, tratando inútilmente de fundirme en su
cuerpo, para que así, permaneciéramos juntos toda la vida.
-Te quiero –
Le susurré al oído antes de arrancar su mano de la mía y correr lejos de él,
lejos otra vez.
Estando ya
en el avión, me dediqué a llorar en silencio. Ángela me miraba angustiada y sin
preguntar nada, me abrazó. Al poco tiempo, me quedé dormida acurrucada en sus
brazos, pero después tuvo que despertarme puesto que habíamos llegado a nuestro
nuevo destino. Me animé tratando de olvidar el pasado, de cualquier manera, yo
ya tenía cierta experiencia en eso.
Al salir,
pronto una amiga muy especial para mí nos recibió con una amplia sonrisa.
-¡Cecilia! –
Grité con alegría corriendo hacia ella. Ambas nos sonreímos cómplices, felices
de vernos.
-No puedo creerlo,
finalmente volvemos a encontrarnos – Comentó Cecilia, riendo satisfecha.
-Lo sé Ceci,
¡es increíble! Te quiero, tonta – me reí.
Nos
dirigimos a la casa de Cecilia. Ángela y yo acomodamos nuestras cosas
amenamente.
-¿Y bien?
¿Ahora qué hacemos? – pregunté a las chicas.
-Pues –
respondió Ceci – Si quieres podemos visitar a Eduardo.
- ¿El loco
ese? – Dije entre risas - ¿a poco todavía existe? – más risas ahora por parte
de las tres.
-Claro –
replicó – apuesto a que estaría encantado de verte – a este punto me puse
totalmente colorada.
-¿Qué ha
sido de él? – pregunté de forma casual.
-No mucho,
ahí sigue, la verdad no tengo demasiado que contar – suspiró.
- De
acuerdo, ¡vamos a verlo! – agregó Ángela.
-De hecho,
le avisé que venían y le prometí que iríamos a verlo – se sonrojó Cecilia.
-Diste por
hecho que nosotros aceptaríamos – fingí enojo – da igual, vamos.
Después de
ducharnos y arreglarnos, fuimos directo al auto de Ceci. En el camino a ver a
Eduardo, miré hacia la ventanilla con melancolía, no podía borrar de mi cabeza
aquel último beso que Ian me había regalado, el sabor exquisito y embriagador
de sus labios aun quemaban los míos, me esforcé por no llorar.
El sonido irritante de la alarma de mi
celular comenzó a inundar la habitación, apreté los ojos con fuerza y oculté mi
rostro entre las sábanas. De pronto, mi cerebro empezó a captar los recuerdos y
lo que significaba este día. Lancé la colcha que ahora me aprisionaba, al suelo
y observé a mí alrededor con una radiante sonrisa. Me erguí dirigiéndome al
baño, me metí a la tina tratando de serenarme un poco, cavilé; hoy era un día
muy importante y especial, pues yéndome de esta horrible ciudad, viajaría al
encuentro de nuevos lugares, a tener nuevas aventuras y una nueva vida, al lado de mi
mejor amiga Ángela. Pero sobretodo, volvería a ver a viejos amigos de la
adolescencia y a uno en especial que creí que jamás volvería a ver, pero esa es
otra historia.
Me apresuré a vestirme con ropa cómoda, ya
que el primer viaje sería algo pesado. Salí del cuarto, tomé un par de maletas
que estaban en una esquina de la recámara, con mis ojos acuosos y fuera de sus
órbitas.
El olor a comida que se despedía de la
cocina hizo alterar mi nariz y estómago con alegría e impaciencia. Bajé de las
escaleras y miré excitada de un lado a otro. Busqué a mi familia y me encontré
con mi madre que preparaba apresurada el desayuno.
-Hola mamá – saludé con voz ansiosa.
-¿Ya estás lista? – Me preguntó ignorando mi
saludo – tu amiga no tarda en llegar y el vuelo saldrá pronto.
- Sí mamá, ya tengo todo preparado, no te
preocupes. ¿Y los demás?
-Enseguida bajan – fue lo único que contestó
en cuanto comenzó a servir el desayuno.
Mientras comía, insistía en mirar el reloj
con nerviosismo. Me moría de ganas por irme y comenzar mis aventuras con mis
deliciosos destinos. El timbre de la casa me hizo brincar del susto, corrí,
suspiré dos veces con fuerza y entreabrí la puerta. Ahí estaba mi casi hermana,
alta, de tez bronceada y ojos negros, con su cabello cayendo en picada. Me miró
justamente como la miré yo, con los ojos brillantes y emocionados, con una
sonrisa de oreja a oreja.
-¡Hermanita! – Le grité mientras la abrazaba
– aún no puedo creer que finalmente cumpliremos nuestro sueño de viajar por el
mundo entero – balbuceé.
- Yo tampoco – respondió dándome un beso en
la frente – te prometí que lo cumpliríamos y aquí estoy – me abrazó con más
fuerza.
Me sentía por demás nerviosa, continuamos
con la misma mirada especial mientras la invitaba a entrar a mi hogar,
encantada de tenerla conmigo. Ángela saludó a mis padres y hermanos con
amabilidad mientras trataba de memorizar todas las órdenes que le daban en
cuanto a nuestra protección.
-Ya debemos irnos – mencionó Ángela después
de unos minutos, saliendo a conseguir un taxi.
Me acerqué a mi familia despidiéndome de
cada uno, con algo de tristeza. Finalmente, Ángela y yo arribamos al taxi,
después de acomodar las maletas en la cajuela. Me relajé en el asiento trasero,
viendo como se alejaba de mi vista el lugar que quizás jamás volvería a ver.
Fin del flashback
-¿Todo bien
amiga? – Ceci interrumpió abruptamente mis pensamientos
-Claro –
dije sonriendo mientras las lágrimas pugnaban por salir.
-A mí no me
engañas mujer, te conozco más que a nadie – dijo molesta tomando mi rostro,
atrapando una lágrima con la yema de un dedo.
-Cuando
fuimos a Guadalajara, volvió a ver a Ian – se metió Ángela.
-¡Cállate
Ángie! – Grité tristemente.
-¡No jodas!
– Dijo Ceci sorprendida - ¿otra vez estamos hablando de ESE? Han pasado cuatro
años, cuatro malditos años después de lo que pasó. Me parece imposible, ¿qué
sucedió?
-Dormí en su
cama – me reí ante la mirada de shock de mi amiga – no me malinterpretes. Como
no teníamos donde quedarnos, Ian nos ofreció su departamento, y ahí estuvimos
mientras permanecíamos en Guadalajara. Él durmió en el sillón – aclaré con
obviedad.
-Oh – dijo
Cecilia tapándose la boca sorprendida. - ¿Cambió?
-Está más
hermoso que nunca, ha madurado física y mentalmente – resoplé -Y no te puedo
negar, sentí cosas muy fuertes otra vez – toqué mi frente con dramatismo – lo
besé de nuevo después de tanto tiempo y…no puedo dejar de pensar en eso. Pero
nuestra historia terminó desde el momento en el que él lo decidió, hace cuatro
años concluyó el “nosotros” – finalicé cayendo en un profundo llanto.
Mis dos
amigas me observaron afligidas, me abrazaron calladamente. Yo decidí refugiarme
en su apoyo y borrar de mi corazón a Ian
y esta vez, para siempre.
Llegamos a
la casa de Eduardo, yo ya me encontraba de mejor humor. El hogar del chico era
bastante grande, y además poseía un hermoso jardín que parecía de cuentos de
hadas, ¿en realidad un hombre podía vivir solo, conservando una casa tan
pulcra?
Después de
bajar del auto, nos acercamos tímidamente a la puerta de la casa, Ceci tocó el
timbre. Me sentí repentinamente nerviosa, pues igual que a mis amigos de
Guadalajara, tenía mucho sin ver a Eduardo.
La puerta se
abrió y distinguimos a un alto muchacho de piel aceitunada, cabello ondulado,
facciones bastante bien definidas y pequeños ojos cafés.
-Hey, hola –
dije al fin viendo que todos los demás se habían sumergido en un silencio
incómodo – No ha pasado tanto tiempo, ¿a poco no me recuerdas? – reí.
-¡Como no te
voy a recordar! Qué agradable sorpresa – sonrió sin dejar de mirarme – pasen
por favor, dijo después de besar a cada una en la mejilla.
Eduardo
estaba realmente complacido por tenernos ahí, yo no dejé ni un minuto de
mirarlo curiosamente, algo en él era diferente, más bien todo era diferente.
Pero había una cosa en especial que a simple vista no podía distinguir por más
que me esforzara.
sábado, 28 de julio de 2012
lunes, 23 de julio de 2012
sábado, 21 de julio de 2012
Querido diario:
Han transcurrido mil años lunares, del tiempo lunar. Todo el mundo ha estado contando historias menos yo. No tengo nada digno de contar. Todo lo que puedo hacer es dibujar monstruos, órganos internos y odiar.
Vía Tumblr.
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