lunes, 18 de mayo de 2015

Desde el pensamiento

La angustia y las despedidas, la dicha frente al crepúsculo. Qué si hay un mañana, y qué importa si me toca uno. Aún puedes sonreír, pero ¿por qué?

  Pensar los recuerdos, amarlos. Despedazarlos, torturarlos; engañándote. Viviendo en un cuerpo ajeno, todos los días vacíos. Ya no sabes lo que tienes que decir, gritas en el caos de tu espíritu. Por fuera nadie percibe nada. ¿Cómo es respirar solo? Piensas, rompes tu cabeza, destruyes tu mundo interior. Te rompes sin interés por detenerlo. Cierras los ojos como el anciano bondadoso que ansía el descanso, el final.

  Mis letras se han convertido en un reclamo a la melancolía, en añoranzas hechas polvo. Pensar... En la alegría que no se queda, en todo lo que no he escrito.

jueves, 14 de mayo de 2015

Desconocidos con recuerdos

Ya no me conoces, y yo apenas logro reconocerte en fotos; con una idiota pose de superioridad. Pero no puedo culparte, toda la gente a tu alrededor se ha encargado de volverte así. Las miradas suplicantes de todas las mujeres que te han querido, quizás amado como yo.

  No sé si alguna vez hubo una diferencia entre ellas y yo, llevé durante años el peso de tristes cuestiones. Mi única fe vive de los pocos recuerdos que compartimos juntos. Una vez, solo existían tus letras y las mías. Tus cantos, mis suspiros en una noche hermosa que no puedo olvidar. Dijiste todo lo que deseaba escuchar, no pude más que oírte en este cuarto oscuro, y danzar con la certeza de ti. No puedo parar de escribirle a un recuerdo tan minúsculo, una memoria que pudo perderse en la bóveda celeste.

  Atrapaste una estrella que hoy no me deja dormir, ancló en mi alma. Aunque no conoces de nombres, sabes de las sensaciones, de las experiencias mutuas. No puedo huir de eso, bórrame tu cielo estrellado y cruel. Para dejar de asociarte al nombre del dolor, de mis añoranzas.

  Las imágenes más felices las guardará mi cerebro, sin quererlo. Repito en sueños mi torpe baile, mi amplia sonrisa; de una madrugada en la que me revelaste verdades a medias, en que en éxtasis hiciste juramentos que no podrías cumplir.

  Solo compartimos recuerdos, porque ya no sé quién eres, te olvidaste del sonido de mis risas escandalosas. Porque no sabes quién soy yo, me olvidé de tus gestos tiernos, de tu ingenua belleza. Ya no eres el mismo que cantaba tan mal y que intentaba escribirme poesía, el que sonreía de forma sincera. Yo ya no soy tan frágil.

Pero aún no he logrado descubrir quién soy yo después de ti.

jueves, 7 de mayo de 2015

Como yo te veo

Reconozco esa sensación tan bien como tú, sé cómo sientes cuando caminas entre calles transitadas; estás atrapado en tu propia inseguridad. Miradas imaginarias recaen sobre tu paranoia. Y desearas acaso esconderte, envuelto en tu espíritu. Eres, frente al espejo, tu propio enemigo. Autodestructivo.

  No comprendes de libertades, te atas a la amargura poética. Como ves, el mundo es frío. Escuchas a los que murmullan, te hunden a modo de susurros, ojos sin rostro que parecen analizarlo todo. Yo escucho esas voces que te nombran entre risas: imperfecto. Lloro quedamente a tu lado, y ruego protegerte; ruego que te veas como yo te veo.

domingo, 26 de abril de 2015

Piano vacío

Adoro verla improvisar en aquel piano de cola. Ella siempre ha sabido arrullar mi alma, sé que parece un cliché poético, pero ella sabe arrullar mi alma. Lo juro. Cómo suelo envidiar esas teclas desgastadas, parece que Ofelia las mata y revive de forma continua. 

  Ella no puede sentir todo el amor que me provoca, en los días de ese lugar olvidado por dioses y demonios, donde se entierran sordos; yo la escucho, y la escribo. Soy invisible para ella, y aún así no puedo dejar de adorarla. Ojalá pudiera sentirme con su sensible oído, escuchar mi poesía. Ojalá la transformara en suaves melodías, como hace con todo alrededor suyo. 

  Temo a perderla, los seres terrenales como yo acabamos destrozando las palabras, las arruinamos con torpezas. Por eso escogí las fantasías en cobardía, porque no hay nada más valioso en el mundo que verla tocar aquel piano de cola. No podría vivir lejos de este paraíso abandonado.

  Sus ojos verdes no son fríos, una vez la tuve tan cerca que descubrí una mirada perdida y triste, que encierra pasiones. Parecen gritar y aún no comprendo lo que dicen. Sus ojos verdes parecen fantasmas, anhelan encontrar luz en un mundo de oscuridad eterna. Sus ojos no pueden verme. 

  Demoro hablar de sus labios, porque ya una vez me han hecho un desequilibrado. Quizá pueda algún día abandonar mis miedos por esa boca fina, de fragilidad y duda. Si solo se acercara un poco más… Si pudiera ella sentir mis dedos en sus mejillas sonrosadas, mis besos honestos, la calidez de mi abrazo. 

  Quisiera leer sus pensamientos, decirle quien soy yo. Ganarme su confianza como nunca han podido hacerlo. La realidad de las cosas me obliga a quedarme en esta mesa sucia de alcohol y cigarrillos, a admirarla desde el anonimato. 

No dejes de tocar, Ofelia mía, no dejes de tocar.

Rafael. 

lunes, 20 de abril de 2015

Pero cuando llega la noche...

Otra vez sobre nosotros, se me acaban las ideas para adornar esta agridulce obsesión. Del deseo por el pasado. Sé que la historia terminó, que la felicidad de mi personaje nunca fue real, que tus sentimientos solo bastaron para la tinta y el papel. Los besos en la utopía, las caricias, la planificación de mi tragicomedia. No puedo dejar de pensar en ti, aunque mi cerebro ruegue descanso, aunque tus imágenes destruyan; siempre estás aquí, viéndome teclear, aún no sé si te burlas de mí, o solo te avergüenzas de mis estúpidos recuerdos. Lo que fue nada en ti, hoy lastima. Como nunca.

Quiero dejarte, con los días siento que las cosas no cambian. Cuando me atrevo a ser fuerte, se oculta el sol, revelándome tu rostro en la ventana, tu respiración en mi cuello, tu fantasma maravilloso que me hace sonreír amargamente. Tu nombre que en mis labios sabe a poesía. Solo puedo cerrar los ojos y pronunciarte a cada minuto, en suspiros callados, en un desamor secreto. Porque aún no saben todavía a quien quisiste en cobardía, y quien te amó en ingenuidad. Tal vez es la razón, estoy atrapada en lo que nunca pudiste decir.

A qué espero para desechar tu recuerdo, a qué espero para odiarte un poco. Jamás tus intenciones fueron cómo las mías, no tuve la dicha de gritarle al mundo que por primera vez en mi vida me sentía feliz, que sentía que podía controlar mi caos, mi desastre, mi eterna inseguridad. Mi odio por lo que veía en el espejo diariamente.

No. Lo cierto es que no te importaba. Temiendo ser herido acabaste hiriéndome. Yo sé lo que eras, y sé lo que hasta ahora finges ser. Te reconozco en todas mis cartas, siempre has sido mi engaño favorito. Pero cuando me veo a mí no puedo encontrar más que vacío. 

¿Serás excusa, serás el suplicio, serás mi catarsis?

miércoles, 1 de abril de 2015

Sombras

No sé quien soy ahora, ni qué tendré que hacer a partir del olvido. Ya no tengo razones para discutir, todo lo que me parecía importante se me escapó de las manos. Nunca supe retener a lo que amaba. Me mantengo por años cobarde, débil. Me transformo en nada.

He aprendido a ser el vacío, tras las caladas a un cigarro, después de mis tormentas y grandes engaños. Quizá en lo absurdo solo volví a ser yo misma, esto me ofreció el final de los días buenos y las sensaciones agridulces. 

Añoro la belleza siniestra del cielo nocturno, de todos los planetas, los universos que desconozco. Es lo único que tengo para sentir en la piel la alegría, el miedo, el nerviosismo. La expectativa ante lo que ignoro me ha hecho vivir.

lunes, 23 de marzo de 2015

Más de usted

Cómo sería que usted me tocara… cómo sería. Con solo la yema de un dedo suyo sobre mi piel, me habría podido matar. Todas las mañanas imagino lo mismo, la llana sensación de la fantasía me dice que está a mi lado, que puedo tocar sus labios entreabiertos, que puedo sentir la maravilla de su acompasada respiración.

Lo puedo todo en los sueños, porque nunca se separa de mí. Cómo sería que usted me abrazara… el dolor es demasiado dulce, infinitamente embriagador. Si solo una vez lo hubiese tenido, si solo pudiera alcanzarlo. Cuántos crímenes no hubiera cometido por esa voz susurrándome al oído, por su calidez, y por las mil razones que lo han hecho asombroso.

El drama de un domingo

En cada uno de los relojes. Fuiste y eres, invariablemente tú.
Tú, tú, tú. Lo que soy, lo que escribo todos los días. Dejé que huyeras de los planes futuros, perdiéndote, y permitiendo que te olvidaras de mí. Aún no estoy segura de si fue un sacrificio trágico, o pura imbecilidad.

Te prometo, te prometo… y escapas, dejando tus canciones hundidas en mi memoria. Yo te juro, te juro. La bella falsedad. Estoy caminando en círculos amor, y todos parecen notarlo.

Mírame caminar en círculos, belleza de ojos negros
Mírame caminar en círculos, labios finos
Mírame caminar en círculos, palabras que atrapan
Mírame caminar en círculos, nunca te vayas
Mírame caminar en círculos, no hay nadie como tú
Mírame caminar en círculos, al observar a la luna estaré contigo
Mírame caminar en círculos, es imposible dejar de quererte
Mírame caminar en círculos, amor inefable.

lunes, 16 de marzo de 2015

Monstruo romántico

Vivo en el arte del drama, en medio de atardeceres amargos, enterrada en mí misma, acariciando a los demonios. Me aíslan en el olvido, y me hacen recordar cada día el abandono del monstruo romántico. El que al agitar sus alas me cegó para siempre.

Respiro en un hueco de fe, por segundos soy feliz con la ilusión de verte aquí. Mi cuerpo se convierte en el desastre tuyo, y tus fantasmas me enferman hasta el final. Pues repiten tus palabras, las distorsionan, pero siguen siendo el eco de tus juramentos. Desgasto la tinta escribiendo de ti. Escribo, adorno las letras que terminan por decir lo mismo una y mil veces. 

Vivo en el arte del coraje, mi corazón se fortalece de odios, y decido alejarlos a todos. Sin excepción, porque nadie vale nada en mi nuevo universo. No hay quien se pueda quedar a soportarme, y en definitiva no puedo soportarlos. Hoy irónicamente le hago a alguien más el daño que me hiciste a mí. 

Vivo de… círculos viciosos, de tu recuerdo y del odio. Soy el rechazo, sonrío maliciosa al espejo. En el reflejo están tus ojos negros, jamás los míos.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Hasta hoy, nunca me fui

Me mantuve esperando una señal cualquiera, me dije que fuera jamás hallaría algo mejor. En realidad fuiste ciego a mí dolor, y aunque hice hasta lo impensable para que te quedaras, ni siquiera tuviste la capacidad de enfrentar mi voz, de afrontarte al amor que surgía entre nosotros. Porque no me cansaré de asegurar que alguna vez fue real. Tan real como la belleza de tus melancólicos cantos.

Me quede aquí, sin que lo notaras. Esperé callada lo que no ocurre. Aunque me resigno a que no seas para mí, mi corazón me tiene anclada a tu ausencia, a tu indiferencia, a tu enorme cinismo. Nunca revelé tu faceta oscura, te defendí y justifiqué todo. Y maldita sea, lo sigo haciendo.

Al final todo ha sido mi culpa, por permitir que desfilaran los falsos amores, por dejar que te alejaras de mí para refugiarte de nuevo en ella. Es cierto que es el destino que me ha tocado, el amar a quien nunca me ha amado.

Lo siento, por todo; por aquellas veces en que inventé excusas para que me miraras, por jugar a la amiga. Perdóname por haber sentido que me querías cuando me inventaba celos tuyos, por imaginar que un gesto vano era tu oculto amor por mí.

Qué idiota.

También hace falta disculparme con mis esperanzas por alimentarlas, por eludir contigo al vacío, por arrojar mi ilusión para ganarme tu afecto, por aquellas canciones que desperdicié obsequiándotelas. 

Ojalá me pudieras leer por una última vez, y de un modo sobrenatural lo supieras; que hablo todos los días de ti, que te quise demasiado y no voy a continuar quedándome. Serás el recuerdo hermoso de mi juventud, la pasión enaltecida de mi alma, el de la voz que transportaba, el invisible que me dio la oportunidad de tocarlo. Siempre el que se fue.

Archivo