martes, 30 de diciembre de 2025

Un bohemio que no come nada


Si me preguntas —
y soportas mi honestidad torcida—
eso era.

A eso aspiraba.
Ser una flaca sin destino:
escribir, fumar,
desaparecer despacio.

Me gustaba sentirme pequeña,
frágil hasta en los huesos,
llevar poemas de amor y de muerte
como quien exhibe costillas.

Casi flotar
por calles y puentes,
liviana de mundo.

Me regocijaba en la ropa que no me quedaba,
en el mareo constante,
en las tripas rugiendo,
el estómago gritando su salmo.
Manos frías.
Costillas marcadas.
Sí.
Eso quería ser.

Y aun así,
cada mañana
me levantaba con un cuerpo
que no sabía morir del todo,
un hambre que no era metáfora,
una vida terca
arruinándome el personaje.
Eso es lo imperdonable.

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