sábado, 29 de diciembre de 2012

"Ya me cansé de intentar ser tu amigo" - Dijo.

¿Qué si es? ¿Qué si somos? ¿Acaso es necesario? Solo quiero querer sin pensar en el después. Y es que no es, no somos y no es necesario; mi aspiración es probar de sus labios, quizá más. 
Me encanta encontrarme con un mensaje suyo y sonreír por mil tonterías: desvelarme sin darme cuenta del paso de las horas. Palabras mal escritas, mucho deseo; exceso. Puñados de sensaciones encontradas, no sé explicarme: pero vaya que se siente bien. Puede ser la rutina ideal; el añorarnos. Creciente ambición, besos ahogados en la distancia, su voz y su nombre. De él todo me encanta, incluso la parte negativa.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Te odio



Te odio, odio que me hagas tan infeliz, odio recordarte en cada momento; que seas lo primero en lo que pienso al abrir los ojos, y lo último antes de caer en el sueño. Odio que llegues, me ilusiones, y después solo te largues. Te odio porque eres un idiota, porque no puedes darte cuenta que tus palabras me lastiman, porque juegas con mis sentimientos y me odio por permitírtelo. 
Y te odio, porque no puedo dejar de amarte.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Resignación y la última canción


¿Sabes? Lo admito. ¡Soñé con tan bellas cosas!, me ilusioné al punto de vernos formando una pequeña y hermosa familia. Lo que siempre quise de la vida. Sí, también admito que te vigilaba un poco, para asegurarme de que estuvieras bien; y para encontrarme con que yo te hacía falta, sintiéndome colmar de alegría. Amor, soy soñadora, me conoces bien; ideaba historias contigo como el héroe, porque me enamoré, porque se me olvidó el dolor que otro me causó, porque me hiciste salir del pozo. Porque fuiste todo y nada a la vez, ya no sabía qué hacer, al cerrar los ojos solo te veía a ti. No existía nadie más.
Pero diablos, que no contaba con el hecho de que no podrías amarme. Estas letras serán las últimas que te dedicaré. Yo no puedo forzarte a nada que no quieras; si no eres para mí, si no soy tu musa, no soy tu anhelo: he de resignarme sin más. 

"¿Qué sabe del amor quien no ha tenido que despreciar precisamente lo que amaba?"

martes, 25 de diciembre de 2012

¿Qué otra cosa puedo hacer? Si no olvido, moriré.


Nota de suicidio


Despierto sin ganas de otro día, y será el último. Pocos me creen, hoy llega mi edén; lo asumo y ni dudo, lo juro de corazón. Advierte mi alma muerta, no es una amenaza, es una mentira que acabo siendo cierta.
Dejé la puerta abierta y una nota a medio escrita, se leía con dificultad. Adiós mamá y papá decía en ella. Salí descalza, sin ganas ni fuerzas. Me imaginé en el suelo, muerta, y nadie lloraba.
Paseo por una calle solitaria, todo está oscuro y llueve, las farolas me observan, el paso del tiempo me duele. El filo de mi cuchilla me aprieta, es ella; llegaré al final de la forma más fácil.
La vida no es bella, tan solo busco estar sola ahora. En un laberinto sin salida dejé de pedirle ayuda a Dios. Habló con mi conciencia a solas, ella me pide que apriete el gatillo.
Tengo miedo de decir adiós, lo siento si he fallado una vez más. He notado la vergüenza al mirarme al espejo, mamá. ¡Perdóname, te lo suplico!
No sé si me explico, estoy sentada en la barandilla de un séptimo piso. Pero ya estoy muerta por dentro, cansada, harta de vivir huyendo siempre del pasado. Fui cobarde, me rendí más de una vez, estuve a punto, apunto en mi libreta esta historia incompleta, ya ni lucho.
Páginas en blanco tintadas del rojo de mi sangre, no merezco ni una lágrima; mi nota de suicidio llegó tarde. Y firmé un documento con Satanás, para liberarme solo tengo que saltar sin más.
Salto a un vacío que nunca se acaba, pasa mi vida por mis ojos y el tiempo se para, para no verme más la cara. Dispárame, mi alma pide a gritos salir de su cuerpo ya.
Y siento como si ya estuviera muerta, en un mundo de ciegos. No tengo nada que dar ni recibir, y apenas escribo. Algo está jodido en mi mente, me siento hija adoptiva, demasiada impulsiva me dicen. Cautiva de lo negativo.
Estoy sola en un silencio que molesta y grito. Escucha mi última palabra, lee mi último escrito. Préstame atención, solo pido eso, lo necesito. Vi mi nombre en una lápida y ni se me hizo extraño, cuantas cargas he llevado para tan pocos años.
No hay nada que me frene, llevo tanto tiempo muerta, dentro de mí no queda nada. Tan solo soy otro cuerpo arrastrado por el viento, tan violento que sopla el destino. No hay testigos, no hay amigos, no queda ningún motivo. Parece ser mentira, hoy sabré si es cierto que tras la muerte existe otra vida.
Hoy es lunes, martes, miércoles, quizás puede que jueves. No sé el porqué pero en mis ojos ya no llueve. Puede que tu recuerdo me mantenga viva, si el exilio no quiere mandarme directo al olvido.

lunes, 24 de diciembre de 2012

Esta es por ti

Bonita manía el enamorarme de personas imposibles, personas que están lejos, personas que nunca me amarán. Grata mi suerte el quererte desde aquí, cuestionándome todos los días si estarás bien, si por alguna extraña razón has pensado un poco en mí. Bella mi fortuna, lo que no me mata ni siquiera me ha hecho más fuerte. Y sin querer, te quiero.

domingo, 23 de diciembre de 2012

Amenaza

Si justo donde ando él no está

Estoy cansada, estoy harta; la pena me atrapa, las ganas de acabar con todo. La poca confianza en un futuro pleno, mejor. Amar a quien no me ama y rechazar a quien me demuestra con miles de acciones lo mucho que valgo en su vida, las ganas que tiene de que yo le brinde la oportunidad de besarme. Estoy ahogándome en el amor que le tengo a un ciego, y ya no quiero seguir añorándole, porque él no siente nada por mí, porque solo me torturo a mí misma con ideas erradas, no encuentro calma ni en la poesía que con desesperación leo día tras día. Mis muñecas huyen de mis malos pensamientos, me piden de algún modo que no vuelva a dañarlas como antes; que cumpla las promesas que hago. Y mi cuerpo me ruega que deje las pastillas, que olvide mi enfermedad, que la haga desaparecer. No sé cómo hacerle para salir de aquí. Son demasiadas cosas, y no para de llover.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Recíproco

Eran exactamente las tres y media de la madrugada de un miércoles frío y deprimente. Ella escuchaba música a través de su teléfono celular. Tarareaba sin prestar demasiada atención a aquellos tuits que leía desde su ordenador; realmente le importaban una mierda, solo quería un poco de distracción, algo que la mantuviera lejos del recuerdo. Fumando un cigarro tras otro, inundando el cenicero a su lado izquierdo. Se esforzaba por no pensar en él, por olvidar sus sentimientos por unos instantes, centrándose en cosas banales. Intentaba no llorar, buscaba dispersar sus ideas con la música en alto lastimando sus oídos. Las pláticas de las personas en internet, la vida de alguien que ni siquiera conocía. Entonces lo anhelado sucedió. Un momento para entregar un aviso, un nuevo mensaje. Ella vaciló, se arrancó los audífonos de un jalón e interrumpió la canción en turno. Finalmente se dispuso a leer el mensaje, era de él. Su corazón estalló al comenzar las primeras líneas:
"Hola bonita. Sé que te será extraño recibir un mensaje mío a altas horas de la noche. Pero si soy sincero, no puedo soportar esta situación ni un minuto más. Tengo que decirte la verdad aunque probablemente solo logre asustarte o alejarte, o que ya jamás me vuelvas a tratar igual; eso es lo que más temo.
Pero ya no quiero ser un cobarde; yo estoy enamorado de ti, lo he estado desde hace tiempo.
Me siento demasiado bien cuando estoy contigo, ideo excusas todos los días para hablarte, ya sea que nuestras conversaciones sean profundas o de cualquier estupidez. Adoro tu forma de pensar y me encanta tu sentido del humor, me siento tranquilo y olvido mis problemas cuando te escucho. Y amo todo lo que representas. 
La verdad es que jamás creí enamorarme de este modo tan loco y tan diferente. Yo te amo.
También necesitaba decirte, aunque no sirva para un carajo, que odio verte con él, odio como ríes de sus chistes baratos y halagas todo lo que él dice. Odio que parezca que disfrutas más su compañía que la mía. ¡Me vuelve loco!
Tenía que decirte esto, no podía guardármelo más. Eres de alguna forma, lo más maravilloso que me ha pasado en la vida, me importas mucho. Aunque posiblemente tú lo ames a él y jamás me puedas corresponder. Nada más quería que lo supieras, no te exijo respuestas, solo ten en cuenta que aquí hay alguien que te adora.
Buenas noches.
J.
Ella terminó de leer y arrojó el celular lejos de ella. Se irguió rápidamente y comenzó a moverse de un lado a otro. Las lágrimas encharcaban su rostro, pero era felicidad lo que sentía. La sonrisa hizo acto de presencia. Ella sintió las repentinas ganas de gritar muy fuerte, de bailar, de brincar, de despertar a todos los que compartían su hogar. Y se preguntaba con malicia e inocencia a la vez: "¿Cómo es tan idiota? No puedo amar a nadie que no sea él. Es un estúpido, pero en definitiva es mi estúpido." 
Ante ese pensamiento su sonrisa se ensanchó aún más. Volvió a leer las palabras que él le había confesado. Sin duda su parte favorita era cuando decía: "Te amo."
Se preparó mentalmente para decidir qué responder, y al son de "Lo que siento" escribió...

lunes, 17 de diciembre de 2012

Más allá de la vida y la muerte (Para el fin "MDO")


Él: Representas para mí más de lo que puedes imaginar, fuiste y eres mi salvación; aquélla que de modo infrecuente curó mi gran soledad, haciéndome existir. No pienso desperdiciar un minuto más esta oportunidad que me ha brindado Dios para estar a tu lado.

Ella: ¡Ay amor! ¿Cómo explico la manera en que tu aparición a mi existencia rescató? Yo, tan carente de emociones reales, vacía por no conocer el significado de amar.  A tu llegada le debo mi alegría, la necesidad de tenerte siempre a mi lado, de amarte como nunca amé a nadie vivo.

Él: A pesar de ser un alma en pena, una figura fantasmal que en apariencia no podía sentir nada, contigo todo se transformó. ¡Me sentí vivo! Me diste todo sin siquiera tocarme, enamoraste a mi espíritu, rompimos las reglas de la sensatez, y desde el día en que lo descubrí: te tornaste esencial, tu corazón de algún modo fue el mío también. Yo viví por medio de ti.

Ella: Todas las palabras que me decías, tu compañía por las noches, ese frío tan hermoso que me hacía sentir protegida, tu voz como mi nana, las tonterías que provocábamos, las discusiones y también las risas, los besos figurativos, lo que te he admirado desde esa primera noche que te vi, gris y con esa mirada triste e insondable, diciéndome solo tu nombre, sin saber, que sería el dueño de tantos recuerdos.

Él: Tu sonrisa perfecta, tu fragilidad, ese afán de quererme aunque yo no fuese lo suficientemente bueno para ti, aún cuando yo no podía demostrarte con caricias mi amor: te quedaste conmigo y procuraste no fallarme, pensabas en mí. Eso me hizo necesitarte todavía más.

Ella: Qué bizarro juego de amor entre la vida y la muerte, que se unen por única ocasión y se entrelazan como almas gemelas. Qué complicado y perfecto al mismo tiempo, todo lo que me llevó a amarte, no sabes cómo adoro ser parte de la razón de esta sucesión de milagros.

Él: Y qué decir de la primera vez que te toqué, en el cuerpo de alguien más pude disfrutar el calor que emanabas, la suavidad de tu piel. ¡Qué oportunidad más plena de aquel día!

Ella: O cómo olvidar nuestra primera noche juntos, de ser alma te volviste cuerpo, haciéndote plenamente mío y yo siendo incondicionalmente tuya. Quise aferrarme a ti, temí que desaparecieras, ese momento cuando el amor nos hizo. Sabía que tu presencia física sería fugaz y odié el amanecer, no sabes cuanto lo odié.

Él: Entiendo tu desdicha aunque no se comparó con la mía, después de vivir esas sensaciones del vivir para después volverme otra vez un maldito espectro fue inmensamente terrible. Nada me daba paz cuando esa frustración de ser nada para ti me invadía, de que te fastidiaras de mi presencia, que no pudieses verme más, me volvía loco.

Ella: Eras todo, esposo mío; fuiste demasiado distraído e inseguro para darte cuenta en aquellos instantes que yo no me sentía capaz de vivir sin verte cerca de mí. Siempre fuiste tú, solo tú, ¡nadie más! Mi fantasma idiota.

Él: El suicidio al final fue una buena opción, amor. Toda la serie de errores que cometí, me llevaron a ti, y no me importaría repetir el proceso de mi muerte mil veces más, por conocerte. Quizás desde el principio ese fue el plan de Dios…

Ella: A mí no me importaría cruzar tu tumba improvisada otra vez – sonríe –  que más da cómo sucedió, las tragedias del pasado, todo lo que sufrimos: tú ya eres mi único, jamás te dejaré ir. Porque te convertiste en mi ángel guardián, mi ángel.

Él: A veces siento que esto es un sueño: el volver a estar vivo, existir de verdad, sentir tus abrazos y tus besos cuando me apetezca. Disfrutar cada olor, cada sensación, toda la belleza del mundo, pero sobretodo la tuya, compañera fiel. Le agradeceré esta oportunidad siempre al Señor.

Ella: Y yo también, cada día que amanezca a tu lado estaré agradecida. Nacimos para estar juntos, eso respalda todo por lo que hemos pasado, todos los obstáculos que hemos superado; tenemos todavía un camino que seguir juntos.

Él: Puedo jurarte, sin miedo a fallar, que después de todo lo que hemos pasado, de cada mal rato; te compensaré haciéndote la esposa más feliz del mundo. Nos espera un futuro demasiado perfecto, y esta vez aprovecharemos el regalo de la vida: para amarnos todos los días, para encontrarme con tu mirada por las mañanas y poder besarte sin miedo a desaparecer.

Ella: Seré tu mujer para distraerte antes de irte a trabajar, prepararte el desayuno como una pareja habitual, aunque de normales no tengamos nada. Regresar a nuestro hogar esperando verte ahí, hacerte mío por cada una de las noches en que dormiste a mi lado sin pedirme nada a cambio. Quiero compartir el resto de mis días contigo, ser el complemento que necesitas, apoyarte en los momentos malos y buenos.

Él: Yo seré tu luz en la oscuridad, tu compañero y tu mejor amigo. Sé que formaremos una familia real, la que por tanto tiempo vimos alejada de la realidad; con nuestra hermosa hija que llegó a nuestras vidas para terminar de unirnos. Hoy finalmente somos felices y empezaremos a construir, con paciencia, los cimientos de nuestra nueva vida, porque no solo yo resucité, tú lo hiciste conmigo. Tú eres de verdad: la que siempre me ha esperado, la que me ha aguantado, con todos tus errores y los míos.

Ella: ¿Ya te he dicho lo hermoso que eres? ¿Las ilusiones que me provocan tus palabras? ¿La enorme fe que he puesto en nuestro incierto futuro? ¡Tú vuelves lo más simple algo perfecto! Yo…amaré construir esa vida ideal que planeas, tengo en cuenta que no todo siempre será color de rosa, pero por el amor que nos tenemos, por nuestra bebé, y por el camino que hemos formado, estoy segura de que superaremos cualquier contratiempo. Si tú me amas…todo lo demás se reduce a nada.

Él: Y nuestra hija, nuestra. Dulce tesoro que nos responsabiliza como padres; con la que aprenderemos a crecer. Ella, la bella pequeña que despertó mi lado paternal, mis ganas de amarla, de protegerla contra cualquier cosa. A la única que puedo amar con la intensidad que te amo a ti.

Ella: Qué bendición nos regaló el Señor al traerla a nuestras vidas. Su fragilidad me incita demasiado amor, sus ojos grises son mis fuerzas para sacar adelante a nuestra nueva familia.

Él: Y también las mías. Ustedes dos son todo para mí. Siente en mi corazón la promesa de no defraudarlas jamás, de cuidarlas cada día de lo que me resta de existencia. Porque las amo.  
Solo te suplico que nunca te canses de mí, porque sin ti, toda esta lucha no vale la pena, preferiría volver a morir…

Ella: Calla, calla. Jamás voy a dejarte porque eres mi vitalidad. Solo quiero permanecer a tu lado y al de nuestra hija. Que exista confianza siempre entre nosotros, que no haya secretos. Ser la esposa que te haga feliz, no la que te martirice la existencia. Eso pido de tu parte mi ángel, ser las almas gemelas que Dios unió.

Él: …Y que el hombre no separará.

Ella: Gracias por llegar a mí, de cierto modo tú me rescataste también.

Él: Más allá de la vida y la muerte yo te he querido y querré. Eres más que mi esposa, eres el amor de mi existencia.

Ella: El martirio terminó…

Ella y él: Te amo.

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